LA VIDA A BORDO

Escritura para enrolarte en un barco pirata


Aburrimiento igual a jaleo

 

La tripulación de un barco pirata pasaba mucho tiempo a bordo del navío, no tanto por realizar largas travesías sino porque para regresar a puerto tenía que haber hecho antes presa. Pero como no siempre había una al alcance de la mano, se podían pasar meses buscando un lucrativo botín que les permitiese una merecida juerga en las tabernas del puerto. Y tanto tiempo de rutina y ocio desembocaba en aburrimiento. Y nada mejor para combatir al aburrimiento que una buena pelea. Cualquier excusa servía: una apuesta impagada, un ultraje recién descubierto, el apropiamiento de un cuartillo de ron. El capitán, si no quería un motín a bordo, debía de controlar a su gente. Su sola presencia suscitaba respeto y la mayoría de las veces ésta valía para mantener controlados a los pendencieros, pero cuando las capturas se resistían y la permanencia en el barco se dilataba más de lo esperado, los ánimos se enervaban y no tenía más opción que sofocar los conatos de gresca bajo la amenaza de repartir unos cientos de latigazos.

 

Como evitar las peleas era tarea casi imposible, se trataba de reducirlas dictando toda clase de restricciones. Así, según cuenta el Capitán Charles Johnson, era habitual prohibir el juego de cartas y dados o la estancia de mujeres o de muchachos entre ellos. Pero como a pesar de todas las cautelas, prohibiciones y amenazas las peleas se seguían produciendo, el capitán debía de imponer la disciplina conforme a las penas recogidas en las normas que todos asumían al zarpar.

 

Generalmente las lides se paraban de inmediato y, en la primera oportunidad, se tocaba tierra y se desembarcaba a los causantes para que acabasen la contienda en la orilla, a espada o pistola. Y si las faltas que cometieron no estuviesen tipificadas y asociadas a un castigo, solía ser la tripulación la que dictaba sentencia. El capitán, en estas circunstancias, no tenía privilegio alguno frente a sus hombres. Su voto tenía el mismo peso que el de un marinero.

 

La comida

 

Desde que el marino deja de practicar el cabotaje y se lanza a una navegación en alta mar, con la incertidumbre del tiempo que estará sin pisar puerto a causa de la distancia o de las inclemencias del tiempo o de las averías, el problema de como alimentar a toda una tripulación durante semanas o meses es todo un reto.

 

Agua, frutas, verduras, carne fresca. Con el calor no tardaban muchos días en descomponerse. Y su falta y escasez provocaban enfermedades como es el caso del escorbuto (falta de vitamina C). Los capitanes de navío pronto aprendieron de los comerciantes a llenar las bodegas de productos en salazón, ahumados o desecados y, como no, de avituallarse de animales vivos. En Europa se embarcaban ovejas, cerdos y gallinas en su camino a las Indias. Para el regreso y la navegación entre islas se hacía aguada y se reponía la fruta y las verduras tan a menudo como se pudiera y se capturaban tortugas.

 

El bucanero

 

El bucanero, nombre que hoy en día se asocia al término de pirata, tiene un origen bien distinto. Los españoles, en su colonización, fueron introduciendo animales de granja para su sustento. Y, entre ellos, al cerdo. Cuando los españoles, por los asaltos de los piratas de tierra, han de abandonar asentamientos o porque las prioridades del reino exigen poblar otros lugares más estratégicos, dejan atrás a los animales de corral que, con el tiempo, se multiplican y se vuelven salvajes.

 

Si a esto unimos la presión de los españoles sobre los franceses para que abandonen Haití-República Dominicana y que los franceses escapen del cerco poblando las islas cercanas como Isla de la Vaca o la Tortuga, no es de extrañar que muchos de éstos expulsados vean un negocio en la superpoblación de cerdos salvajes que se encuentran en su huida y que se dediquen a venderlos. Pero los piratas no quieren esa carne fresca que en breve estará infectada de gusanos. Y ante esa exigencia, los franceses idean ahumar la abundante carne de cerdo, una vez cortada, en unas parrillas a las que llaman "boucan". De esta manera, el bucanero sería la persona que se dedica a ahumar o preparar la carne de jabalí para, posteriormente, vendérsela a los piratas. Ese es el origen del término: un ganadero-comerciante que trata con piratas y corsarios. Pero con tantas tripulaciones de barcos que recalan para aprovisionarse,  las anécdotas e historias de botines hacen que el bucanero decida embarcarse. De esta manera, pasa de ser un hombre dedicado a ahumar carne a un hombre que se enrola en un barco para ejercer la piratería.

 


Rumbo a la Isla Del Cofre