DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Escritura para enrolarte en un barco pirata


El predescubrimiento de América por Alonso Sánchez

 

Cristóbal Colón, antes de acudir a las cortes de Italia, Portugal, Inglaterra y España para proponer su viaje a las Indias, se instala en Portugal en 1476. Su llegada es insólita: el barco en el que viaja es atacado e incendiado por el corsario Casenove y tiene que abandonarlo para salir con vida del lance, de manera que arriba a la costa de Lagos (cerda de Sagres) a nado.

 

Una vez en Portugal, se traslada a Lisboa, dedicándose durante años al comercio. Se casa con Felipa Moniz de Perestrello, hija de un importante personaje de la corte portuguesa, y hacia 1480 fijan su residencia en el archipiélago de Madeira.

 

Residiendo en Porto Santo arribó a la isla la carabela Atlante. Y la historia, en este suceso, tiene distintas versiones. La más favorable a Colón mantiene que el estado de salud con que llegó la tripulación fue tan delicado que sólo sobrevivió el piloto, Alonso Sánchez de Huelva. Éste le narró a Colón su travesía y le dijo que navegando hacia poniente desembarcaron en una isla que los nativos llamaban Quisquei, presumiblemente Haití, y que más al oeste se encontraba una gran extensión de tierra firme según le dijeron los nativos. Esta misma versión asegura que Alonso Sánchez, en su agonía, entregó a Colón las escrituras de la carabela y la relación del viaje con la posición de las islas vistas por él, falleciendo días después. La versión que menos se ha propagado defiende que, efectivamente, el protonauta se entrevistó con Colón en Madeira, pero que cuando le narró su aventura, Colón lo asesinó y robó para hacerse con la documentación y el secreto y poder beneficiarse de lo descubierto por Alonso Sánchez sin testigos con los que compartir la gloria.

Mapa Mundi de Giovanni Contarini en 1506. Representa a América repartida entre un continente austral, una prolongación de Asia y un archipiélago intermedio

 

Cristóbal Colón y las Indias Orientales

 

Lo que parece seguro es que Colón, después de las conversaciones que mantuvo con el piloto, se convenció de haber encontrado una ruta directa a las Indias orientales. Creyó que desde las Canarias podía alcanzar la isla de Antilia y, por esta razón, denominó Antillas a las primeras islas que encontró en el Caribe.

 

Colón bien pudo pensar en un océano Atlántico sin obstáculos navegando hacia el oeste dado que en el último cuarto del siglo XV las cartas de navegación se limitaban a plasmar el mundo conocido hasta la fecha y América, por aquella época, no figuraba en mapa alguno al estar inexplorada.

 

Uno de los geógrafos más importantes y contemporáneos de Colón fue Martín Behaim o Martín de Bohemia. Este alemán compuso un mapa mundi en 1492 y estaba casado con la hija de Juerter, feudatario de la isla de Fayal, en las Azores, donde residió durante muchos años, siendo muy apreciado por la corte de Lisboa. No es de extrañar, pues, que Colón y el famoso geógrafo se conocieran antes del descubrimiento y que Martín le confirmase que saliendo de las islas de Cabo Verde se llegaba, sin encontrar tierra alguna, al Cipango (el actual Japón).

 

Regreso a España

 

En 1492 Colón efectúa su primer viaje, saliendo de Palos el 3 de agosto y arribando a la isla de San Salvador el 12 octubre de ese mismo año. La isla era llamada por los indígenas Gaunahani, hoy Walting, y pertenece al actual archipiélago de las Bahamas. En el mismo viaje descubre Cuba (Juana), La Española (actual Haití y República Dominicana), Santa María de la Concepción (Runcay), Ferdinanda (Long Island) e Isabela (Crooked). El trayecto lo realiza en dos carabelas y una nao con unos cien hombres en total. Tras encallar la nao Santa María al noroeste de La Española, Colón hace construir con sus maderas el fuerte La Navidad, primer enclave español en el nuevo territorio. Cuando se decide el regreso a España, 38 hombres no pueden embarcar en los dos navíos que quedan disponibles por lo que permanecen al cuidado de la fortificación.

 

Tratado de Alcacovas

 

Colón regresa al continente en marzo de 1493, tras un viaje de 32 semanas. Llega a Lisboa y relata al rey de Portugal su descubrimiento. Juan II considera entonces vulnerado el Tratado de Alcacovas-Toledo, firmado en 1479, por el que Castilla se quedaba con las Canarias ganadas e por ganar y Portugal las Azores y Madeira, más la exclusividad de navegación al sur de Canarias, contra Guinea.

 

Este tratado repartía el mundo en el sentido de los paralelos y contaba con el refrendo papal, aunque Inglaterra, Francia y Holanda no lo consideraron nunca válido por cuanto, principalmente, se quedaron fuera del reparto (los franceses decían a españoles y portugueses que mostrasen el documento en el que Dios firmaba esa distribución).

 

Tratado de Tordesillas

 

Las protestas de Portugal y la pretensión de España a la soberanía de las nuevas tierras halladas, producen un litigio entre ambas naciones que culminará con el Tratado de Tordesillas, firmado el 7 de junio de 1494, antes del regreso de Colón de su segundo viaje.

 

El acuerdo fijaba un meridiano a 370 leguas de las islas de Cabo Verde para la parte de Poniente. Todo lo encontrado del meridiano a la parte de levante sería para Portugal y pasado el meridiano hacia poniente, para Castilla y León.

Mapa Mundi de Cantino de 1502 en el que se refleja el Meridiano fijado en el tratado de Tordesillas

 

¿Portugal ya conocía Brasil?

 

Algunos autores creen que con este tratado Portugal reconoció, implícitamente, que ya navegaba a Brasil. Cuando se estableció la línea de demarcación para Españoles y Portugueses, ¿por qué Portugal tuvo buen cuidado para que la parte oriental de Brasil cayera dentro de sus nuevas fronteras si esas tierras no estaban oficialmente descubiertas y, por lo tanto, su posición era desconocida para los portugueses y para el resto de Europa?

 

Secreto de Estado

 

La localización de nuevas rutas a las indas orientales para el abastecimiento de especias y mercaderías que escaseaban en Europa significaba para el país que las encontrase un próspero comercio. Y conocer la situación de los arrecifes y bancos de arena, el perfil de las costas y la posición de las islas, una navegación segura. No es de extrañar que los países guardaran un secreto celosísimo de tales conocimientos y Portugal, si tuviese noticia del Brasil, no quisiera compartir sus riquezas. Se cree que cuando Colón presentó a Juan II su viaje, calculando el planeta una cuarta parte más pequeño, agrandando Asia y reduciendo el grado terrestre, los portugueses hiciesen oídos sordos a tales ideas. El motivo parece claro, pues todos los cálculos, salvo la esfericidad de la tierra, estaban equivocados. Si Colón llegaba a presentar su proyecto a otros gobernantes, éstos, o lo rechazarían tras consultar a sus juntas de navegación por lo disparatado de la empresa o, si le apoyaban, le resultaría difícil localizar el nuevo territorio de los portugueses debido a los errores de cálculo. Portugal, negando el apoyo a Colón, no hacía más que preservar el monopolio sobre Brasil.

Mapa Mundi en el que América forma parte de Asia. Giacomo Gastaldi. 1548

Dejando estas suposiciones a un lado, lo cierto es que la competencia en los mares para encontrar nuevos mercados y riquezas, y saber la latitud y longitud de islas y ciudades así como las entradas a puerto, promovía el secretismo oficial para no dar oportunidades al resto de países, rivales en el comercio. Es sabido que Portugal había propagado, a sabiendas de que no era cierto, que el mar de las Molucas era innavegable a causa de los arrecifes y las espesas nieblas cuando su único propósito era ahuyentar a los españoles de esos parajes. Un ejemplo de la importancia de las cartas de navegación lo encontramos en la historia del pirata Bartholomew Sharp. Corrían los últimos años del siglo XVII y entre España e Inglaterra reinaba la paz desde 1670 firmada en el Tratado de Madrid. Esta paz incluía el compromiso de ambos países a no practicar la piratería. Pero el capitán Sharp hizo caso omiso de las reglas de juego y apresó al navío español Santísima Trinidad, que luego renombraría como Trinity. España solicitó que fuera juzgado e Inglaterra tomó la decisión de ajusticiarlo, pero una vez que Sharp puso los pies en Londres e hizo entrega al rey de las cartas de naúticas que había robado del Trinidad (de un valor cartográfico incalculable para Inglaterra pues detallaban las costas y los puertos españoles en el Pacífico), el monarca Carlos II, en vez de condenarlo como era lo previsible, le absolvió. Este atropello, práctica habitual entre la diplomacia inglesa, fue contestado por España expulsando al embajador inglés de Madrid.

 

¿Dónde están las riquezas?

 

Cuando Colón salió de las Canarias en septiembre de 1492, nunca pensó que un continente iba a entorpecer su ruta hacia las Indias Orientales. Sabía que alcanzar la isla de Antilia iba a proporcionar a España un comercio con el que pondría fin a la dependencia que hasta ese momento tenía de los italianos, casi los únicos que transportaban las especias hasta Europa.

 

Pero en vez de recalar en Cypango alcanza las islas caribeñas. Nuevas tierras en las que se buscan inmediatamente riquezas. Pero no resulta fácil encontralas o, por lo menos, disponer de ellas de manera inmediata. Los grandes yacimientos de oro y plata están por descubrir, el recelo de los indios es patente, la mano de obra necesaria se ve diezmada por las enfermedades y la sobre-explotación de los nativos, los asentamientos de los españoles en América aún son escasos y poco numerosos, el terreno y el clima y el comportamiento de ciertas tribus siguen siendo desconocidos. De momento, todo son trabas. Los primeros años fueron tan improductivos que Colón, al regreso de su segundo viaje, hizo embarcar a 500 indígenas como esclavos para compensar la falta de presentes que llevar a sus reyes.

 

Estamos a comienzos de 1500 y todavía los piratas no se han trasladado al Caribe. Los botines a capturar continúan en el Mediterráneo, el Canal de la Mancha y rondando las islas Azores.

 

Colón en la picota

 

Mientras que España viaja a un territorio que le cuesta el dinero pues todavía no se cubren costes con las riquezas obtenidas, Vasco de Gama recala en Lisboa en 1498 con las bodegas repletas de especias. Los reyes de España comienzan a recelar por el poco provecho obtenido por Colón y, también, de su gestión en Santo Domingo. América no es rentable.

 

Viajes privados a América

 

La corona española, después de la reconquista, tiene las arcas vacías, pero no puede sufragar expediciones tan costosas y sin ninguna garantía de recuperar lo invertido. A pesar de ello los monarcas intuyen pingües beneficios y quieren que se realicen. La alternativa es dar entrada a los préstamos y a la iniciativa privada. El primer viaje de Colón, por ejemplo, ya estuvo sufragado por el comerciante valenciano Luis de Santángel, quién adelantó a los Reyes Católicos la parte que éstos debían de poner (más de un millón de maravedís), siendo la otra mitad aportada por el propio Colón (también a crédito) y por mercaderes italianos y comerciantes castellanos.

 

La ganancia de los reyes consistía en quedarse con el noventa por ciento de todo lo que se produjera o extrayera de las nuevas tierras (como así consta en las Capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492). Como el riesgo que asumían era mínimo pues no hacían desembolso alguno, no pusieron objeciones para que siguientes viajes fueran costeados con capital privado aunque, eso sí, con la aprobación y fiscalización real.

 

En los primeros viajes de Colón se consiguieron algunas perlas, oro, ámbar, nácar, maderas nobles, pero todo en pequeñas cantidades. En Europa y en la propia España, sin embargo, se comienza a hablar de América y a soñar con riquezas, gloria y títulos. Se sueña con oro. Con mucho oro. Con cantidades ingentes de oro. Y si los que allí han ido no lo han localizado en grandes cantidades, no es porque falte, sino porque no se ha buscado bien.

 

El primer oro americano enviado a la península fue el que se quitó a los indígenas que, o llevaban puesto o adornaban con él a sus dioses: pulseras, colgantes, máscaras, etc. En una segunda etapa se explotaron las minas que ya venían utilizando los indígenas y que estaban casi agotadas. Por último, se llegaron a localizar nuevos yacimientos de oro y, principalmente, de plata.

 

Los primeros envíos, pasados por agua

 

En 1501 Francisco de Bobadilla, gobernador de Santo Domingo, envía a España un cargamento de oro de más de cien mil pesos. Bobadilla también se embarca. Pero el mal tiempo hace acto de presencia, hundiendo la flota. El gobernador de La Española se ahoga junto con otros 300 hombres, yendo a parar el oro al fondo del mar.

 

La segunda gran pérdida se produce cuando Vasco Núñez de Balboa, habiendo descubierto el mar del Sur, envía quince mil pesos al rey de España, el quinto que le correspondía de todo lo encontrado. Embarcado el oro, la carabela zozobra entre Jamaica y Cuba, con la tripulación y el oro del monarca.


Rumbo a la Isla Del Cofre